EL POR QUÉ DE EL BLOGÍGRAFO



El Blogígrafo es un blog destinado a mi producción literaria personal y a recomendaciones que por algún motivo tienen un interés especial, relacionadas con el mundo de la literatura, y a otras que crea que son de interés general. Si queréis colaborar a que este blog crezca con vuestras aportaciones, adelante. Un saludo.





domingo, 24 de septiembre de 2017

SOLO PARA SOÑADORES




Dream On - Aerosmith.

SI TE APETECE PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.

 
 
SOLO PARA SOÑADORES.
 
La mayoría avanzamos erróneamente
sobre la senda de nuestros días
de trayecto en dirección al sepulcro.
Me exploro, y exploro también
a los que me rodean.
En una gran ciudad
como en la que vivo
hay muchos a los que observar.
Y veo a tanta gente carente de brillantez,
meros comparsas sobre el asfalto
sin saber qué hacer con sus vidas,
sin saber aprovechar
la época que les ha tocado vivir,
sin saber…
Extraña sociedad.
Mientras unos tiran comida a la basura
otros rebuscan entre la basura
algo que poder comer,
mientras unos sueñan,
otros olvidan sus sueños
e ignoran los del resto,
al mismo tiempo
que guerras y muerte
siguen escribiendo
la historia de la humanidad.
Muchos piensan que solo sus problemas
(que a veces no lo son)
son los únicos importantes,
y acuden a los bares
para divulgar sus burradas
ante una audiencia igual de insensata.
Las noticias nos hablan
de muertes en cruentas guerras
donde mueren los que no importan,
muertes por ajustes de cuentas,
muertes pasionales,
muertes por capricho,
muertes, muertes y más muertes…
Las garras de los poderosos
siempre oprimiendo a los más débiles,
que debaten como pueden su fragilidad
ante esa trampa llamada libertad,
ideada por el poder 
para seguir delinquiendo
en su ficticia vida de fingimiento
como supuestos defensores
de la paz y la justicia,
exhibida solo para maquillar
su corrupta podredumbre .
Mi vecino se compra un coche
que no puede mantener,
mi cuñada engorda sus tetas,
el encargado de la fábrica
no conoce ni su barrio
y se va a conocer Tailandia,
y nos compramos televisores
que son como nuestros cerebros:
cada vez más planos.
Pero somos así: ganado consumista;
estoy seguro que a Marco Antonio
le hubiese gustado tener un teléfono
para enviarle watshaps  guarros a Cleopatra.
Los padres conceden caprichos
a sus malcriados hijos,
convirtiéndolos en superfluos seres
que cuando deben saltar
al ruedo de la vida
por sus propios medios
no saben ni como sujetar el capote
que les permitirá cumplir sus sueños.
Muchas veces
me parece ver solo muertos
que intentan vivir una vida inanimada,
y voy y llego yo
pretendiendo no desperdiciar la mía,
y tengo la ocurrencia
de decir que quiero ayudar
a los que tienen un sueño,
que deseo dar algo de mí
a quien lo necesita,
que intento aportar
algo positivo a esta sociedad
con mi anónima existencia,
y algunos se ríen de mí,
otros me ignoran,
o me desdeñan,
o me miran como a un bicho raro.
No está mal ser un tipo
al que nadie tiene en cuenta;
puedes hacer cosas
sin necesidad de ponerles más precio
que el pago que recibe el corazón.
La Tierra no es el mejor planeta para el ser humano.
Pero es lo que conlleva el ser un soñador:
convertirse en un iluso
al que la mayoría trata con indiferencia.
Y veo esos sueños en la calle,
en rostros que se estrellan
contra las barreras del mundo;
veo sueños en esas miradas,
a veces iluminadas,
a veces tristes;
veo sueños en el espejo de mi baño
en un rostro cada vez más viejo y cansado.
Pero como dijo el gran Bukowski:
“El soñador es quien mejor interpreta la naturaleza del sueño”.
Por lo que seguiré fiel a mis principios.
Ni quiero ni busco que ningún ángel
pronuncie mi nombre,
ni que ninguna paloma blanca
se pose en mi mano,
tenderla al que me la pida
es lo que pretendo,
y que alguien la acepte
es mi única aspiración.
Al Segar.
 
 
 

sábado, 24 de junio de 2017

EL MENSAJERO





Puedes escuchar la canción mientras lees.







EL MENSAJERO.


 


Se presentaba de repente,


ocasionalmente al principio,


a diario después,


desprovisto de presencia física,


como un ente incorpóreo.


No había manera de deshacerse de él.


Al principio le rechazaba,


desafiaba sus ataques,


sus ofensas,


sus crueles embestidas;


me hablaba como la voz de mi conciencia


y yo hacía oídos sordos.


Me preguntaba a qué estaba jugando a mi edad,


que qué diablos pretendía conseguir un tipo como yo


inventando un absurdo alter ego


cuando nunca había sabido encauzar


convenientemente mi propia vida,


que como osaba un ignorante sin formación


meterse en utópicas batallas intelectuales


con la derrota como indiscutible destino.


Podía aparecerse a cualquier hora del día,


incluso de la noche


entre cenagosos sueños


de conquistas frustradas.


Era un cabronazo,


pero como todos los cabronazos


hablaba claro.


Me decía que cada vez me quedaba menos tiempo


como para andar desperdiciándolo


en inútiles aventuras


que no conducían a nada.


Y poco a poco fue convenciéndome.


Comencé a escuchar sus palabras


que se transformaron


de alevosas intimidaciones


a sabios razonamientos


cargados de  sólidos fundamentos.


Tuvimos largas conversaciones


tras las que recientemente


terminé dándole la razón,


cuando fui capaz


de entender toda la sensatez


de sus argumentos.


Podría decir incluso


que llegamos a ser amigos,


si es que se puede tener un amigo invisible


lejos de la niñez.


Pero la suya era una amistad perecedera.


Una vez acabado su trabajo conmigo


partió en busca de la conciencia


de otro pobre diablo


con inconsistentes pretensiones artísticas.


Hacerle caso ha sido la mejor manera


de que desapareciese de mi vida,


después de que consiguiese abrirme los ojos


y hacerme ver que las evidencias


demuestran la triste realidad


de mis infructuosos esfuerzos


en busca de progresar.


El olvido y el alejamiento


son la mejor respuesta


que se puede recibir


para poder tocar la realidad.


Vivir por un sueño está muy bien,


vivir en un sueño no es nada recomendable,


por lo que finalmente


debo darle la razón


al puto mensajero de mi conciencia,


digerir toda su sabiduría,


y después de tantos fracasos


de impetuoso pero desatinado bohemio


terminar convencido de una vez por todas


de que ha llegado mi fecha de caducidad,


de que lo más sensato es abandonar


y dejar esto en manos


de los verdaderamente profesionales.


 

martes, 11 de abril de 2017

AQUÍ ESTOY





 SI QUIERES PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.





AQUÍ ESTOY.


 


En el ratito de cada tarde,


sentado frente al teclado,


la lámpara de sobremesa


tenue y acogedora,


algo de música,


clásicos de los 70 sonando suavemente,


una bebida fresca a mi derecha,


descalzo, como me gusta


y buscando no sé qué


con lo que escribo,


en esta edad


en la que ya no soy joven


pero tampoco viejo,


y las malas noticias


comienzan a llegar.


Ya no creo en casi nada ni nadie,


estoy de vuelta de ciertas cosas


y otras me aburren del todo,


pero sigo escribiendo


sin convicción


pero por costumbre,


por rutina,


o por cariño tal vez,


sentado frente a la pantalla en blanco


a la que no sé realmente que contarle,


con esas sombras acechándome


desde la penumbra del cuarto


y el fracaso llamando a la puerta.


Ya no me importa acabar frases,


poemas


o relatos,


dejarlos para otro día más ilusionante


o desecharlos del todo;


nadie los espera;


a nadie le interesan mis frustraciones,


y ya no veo luz


en estas palabras escritas.


Tan solo soy el producto


de un pasado deshilachado


que ha derivado


en un presente insípido


y un futuro inquietante.

jueves, 10 de noviembre de 2016

6 de 6 (Reseña de Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas.)

 
 


6 de 6

(Reseña de Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas.)

Abel Santos. Chamán Ediciones.

Abel Santos es el claro ejemplo de la maleabilidad del ser humano, de la capacidad de conseguir mutar una vida de peligrosos excesos, en un excelso repertorio de versos rompedores.

Abel Santos supo sustituir a tiempo su arriesgado armamento de drogas y largas noches de alcohol y desenfrenos, por breves y contundentes poemas cargados de vibrante munición literaria, poemas que son capaces incluso de destilar música al leerlos, tal y como asegura el prologuista de lujo de la obra, Diego Vasallo (Duncan Dhu): Los poemas de Abel Santos son como las notas lánguidas de Chet Baker, que viven entre las calles de una ciudad cualquiera en una tarde de verano.

            Es la suya una poesía cotidiana, nacida de experiencias propias que sin lugar a duda han condicionado su obra, germinada indiscutiblemente en el realismo sucio y bastardo, reflejo de cuando la vida del autor era un camino de sentido único en dirección a la perdición, hasta que un buen día decidiese venderle su alma a la poesía en lugar de al diablo, quien ya se frotaba las manos ante la que consideraba una nueva víctima apresada entre sus perniciosas redes, esas en las que quedan atrapadas desperdiciadas vidas hechas añicos, vidas que son solo restos de polvo blanco en un billete de 10, en manos de tipos que en sórdidos tugurios beben sus cervezas en las jarras del olvido. Se trata de una poesía que se nutre de la calle, que no se anda por las ramas, que sabe lo que quiere decirnos, y que lo hace sin estridencias, sin coraza, a pelo, sin prescindibles ni excesivas metáforas, tan solo las justas y necesarias.

            Abel Santos abandonó sus adicciones para convertirnos a sus lectores en adictos a sus versos. Sustituyó las sucias rayas de blanca muerte por impolutas líneas de negra tinta llenas de vida. Es una poesía cercana, comprensible, embrujadora, extirpada directamente a las entrañas de una vida afortunadamente rehabilitada, sin contemplaciones, sin bisturí, diseccionando hábilmente los pasos mal dados en el pasado en busca del esplendor, del renacer, de la evolución.

            Con “Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas” ha dado un importante y certero giro a su carrera, orientándola hacia una nueva luz, dejando atrás grises puestas de sol y dando paso a coloridos y seductores amaneceres. Mucho habrán influido en ello los cambios positivos experimentados recientemente en su vida, reflejados como pudimos comprobar los que asistimos a la presentación de su poemario en la mirada cansada pero feliz de una madre que tantas veces habrá visto a su hijo tocar fondo, y que ahora puede comprobar como alza de nuevo el vuelo, con la carta de presentación de un poemario lleno de poemas frescos de quien afronta el futuro con nuevas y renovadas esperanzas, dejando atrás un pasado oscuro, pero sin duda necesario para que hayamos podido descubrirle. En Chamán Ediciones se han dado cuenta de ello y nos lo presentan en su colección “Chamán ante el fuego” sin miedo a quemarse, algo imposible mientras sigan apostando por autores de la calidad de Abel Santos.

            Chamán Ediciones nos presenta en esta obra a un poeta de larga trayectoria. Es este su sexto poemario desde que en el año 1998 publicase su primera obra: Esencia (Ediciones AZ90), por lo que nos encontramos a un autor más maduro, ahora que acaba de cumplir los 40 y del que la editorial nos muestra un poemario brillante, encerrado en un elegante envase con el que nos brindan con mimo, esmero y cuidados detalles estéticos todas las obras que publican.

            En definitiva, Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas, es la obra de un autor contemporáneo de obligada lectura. El sexto título de Abel Santos. El sexto título de Chamán Ediciones, 6 de 6, y el diablo que se frotaba las manos con quien parecía una captura asegurada, quedándose con las ganas de obtener su tercer 6 gracias, una vez más, a la redentora poesía.
Al Segar. 

           

                

 

viernes, 4 de noviembre de 2016

PRESENTACIÓN DEL NUEVO POEMARIO DE ABEL SANTOS

 

PUBLICADO POR CHAMÁN EDICIONES.
 
 
"Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas", de Abel Santos (Chamán Ediciones, Albacete, 2016)
Abel Santos (Barcelona, 1976). Ha publicado los libros de poesía: Esencia (1998), El lado opuesto al viento (2010), Todo descansa en la superficie (2013), Jass (2016), y su Antología poética 1998-2014 Demasiado joven para el blues....
En 2015 coordina la antología de varios autores La casa de los corazones rotos, donde reúne a más de una veintena de poetas que admira y que conformaron a lo largo de los años su universo de lecturas.
Ha colaborado en numerosas revistas de poesía a nivel nacional y del extranjero, y participado en un buen número de libros tanto de poesía como de narrativa.
Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (Chamán Ediciones), es su quinto libro de poesía, de poemas breves y espontáneos como una lágrima, escritos en servilletas de bar. En 2011 fue encargado de prensa y relaciones públicas del I Festival de Poesía y Microrrelato: Vilapoética, de la ciudad de Viladecans.
Tras 12 años metido en drogas y alcohol, Abel Santos nos habla en sus poemas del peligro de traspasar ciertos límites. De formación autodidacta, él mismo ha bautizado su poética de "realismo bastardo", que bebe tanto del mundo real como del mundo poético o más introspectivo, sin una clara escuela o movimiento literario como padre definido. Algunos de sus poemas han sido traducidos al árabe y al inglés.
Desde 2010 administra su blog de poesía: Demasiado joven para el blues
www.abelsantospoesia.blogspot.com
Autores relacionados: Roger Wolfe, Karmelo C. Iribarren, Diego Vasallo.
 
 
LA CATARSIS
Ser auténtico
como el enfurecimiento de un niño
si estuviera en su mano
sería capaz de destruir
en ese instante
el mundo
y en consecuencia
la siguiente secuencia emocional es
un gozo estático
que recorre todo su cuerpo
sonriendo
ante cualquier payasada
o cualquier mimo
el amor
pequeño
el amor.
 
 
LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER CAEN A PISCINAS DORADAS

ya ibas camino de tu sueño
cuando solo
en la cama desperté
y
en la radio Vasallo cantaba:
Las lágrimas de Chet Baker
caen a piscinas doradas

melodiosa
distante
en tu alentador vergel
yo
imaginando
otro calor en mi desierto
que por siempre arda.
 
 

domingo, 30 de octubre de 2016

DAY OF THE DEAD





SI QUIERES PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.







DAY OF THE DEAD.


(El día de los muertos.)


Sosegada tarde de domingo. Aquí estoy, sentado frente al teclado, bloqueado, estrujándome los sesos intentando escribir un relato de terror adecuado para estas fechas en las que hemos adoptado la, en mi opinión, infame tradición anglosajona de celebrar Halloween.


De momento he conseguido más bien poco con el protagonista; un personaje siniestro todavía muy indefinido. Tan solo veo con más claridad el escenario y su atmósfera: un pueblo engullido entre montañas, lobos aullándole a la luna, el frío y la noche cayendo sobre las casas, la húmeda niebla cubriéndolo todo, el temor apoderándose de los supersticiosos lugareños, y el campanario repicando las once de la noche. Vamos, una ambientación típica y muy común en este tipo de narraciones.


Me he propuesto ofreceros algo nuevo por si os apetece leerlo, en lugar de volver a colgar en Facebook, tal y como llevo haciendo los últimos años, el que lleva por título Cuento de Halloween. Creo que ya está demasiado explotado. De momento no se me ocurre nada lo más mínimamente inquietante para que os pueda mantener aferrados frente a la pantalla de vuestro ordenador.


Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…


Es todo lo que de momento he sido capaz de escribir.


-¡A comer! – me reclama mi esposa.


-¡Voy!


Abandono la silla giratoria sin apagar el ordenador y me dirijo al comedor.


-¿Qué tal? –me pregunta ella.


-No demasiado bien. No me llega la inspiración.


-Pues come y pégate una buena siesta. Tal vez después, con el estómago lleno y más descansado, se te ocurra algo. Ya sabes que siempre acabas consiguiéndolo.


Le hago caso. Comemos y me meto en la cama (soy de los que duermen la siesta acostado), con esa única frase en mente:


Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…


Lentamente, conforme la siesta se materializa, las palabras se difuminan y se alejan cada vez más, convirtiéndose en imágenes de un oscuro e inquietante sueño.


 


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Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…  


La brumosa niebla ya se extiende por toda la superficie del cementerio como una mullida alfombra de vaporosos nimbos de entre las que emergen, amenazantes, las grises lápidas y las cruces de piedra.


A pesar del frío el vigilante nocturno suda inquieto, con el pánico reflejado en su inexperto rostro de principiante, nada acostumbrado a los siniestros susurros procedentes del camposanto en esta noche tan especial para los difuntos. Si consigue terminar su turno, (todo un reto para cualquier mortal poco acostumbrado a lo que no es capaz de comprender), mañana no regresará…como les ha sucedido a tantos otros.


Los pocos que todavía caminan por las desiertas calles de la población apresuran la marcha para regresar antes de la medianoche a sus viviendas, absurdamente decoradas con telarañas de gasa y calabazas de aspecto aterrador. Todos conocen las leyendas sobre seres espantosos que han perdurado a través de generaciones, y en las que me habéis incluido. Nadie aquí se atreve a desafiar a lo desconocido. Prefieren reunirse con sus familias bajo el calor y la protección de su hogar… protección no tan efectiva como muchos consideran.


Cada vez falta menos. El reloj sigue avanzando. Se acerca la medianoche y me tocará de nuevo ser el malo; el sujeto siniestro de vuestras pesadillas; el que os inquieta en vuestras noches de terror; el que os hará apremiar vuestros pasos y volver la mirada sobre vuestras espaldas si regresáis tarde a casa.


Percibiréis mi presencia aunque no esté cerca; una vez en vuestras viviendas, abrigados al calor de vuestras estufas, miraréis a través de las ventanas, retirando tímidamente los visillos, buscándome entre las sombras de la noche, pero deseando no encontrarme, con el terror plasmado en vuestros escépticos rostros.


Sí, soy yo el único que se mueve con paso firme e imperturbable entre las brumas de la tenebrosa noche del día de los muertos, esa en la que dicen que a los fallecidos se les permite regresar al mundo de los vivos para disfrutar de aquello que más les gustaba hacer. ¿Y que era aquello que más me gustaba hacer a mí? ¿Asustaros? Ese fue un miedo que vosotros mismos adquiristeis. Yo no hice nada para merecer el estigma de convertirme en un ser excluido de vuestra estúpida sociedad, por culpa de vuestras absurdas creencias. Yo tan solo era un niño con la única desventura deser el hijo de aquella mujer a la que todo el pueblo temía suponiéndole facultades de bruja, y a la que todos repudiasteis después de parir una criatura de padre desconocido; un niño que por culpa del rechazo generalizado no tuvo más remedio que convertirse, con el paso de los años, en un chaval retraído, misterioso, solitario, e insociable, circunstancias por las que, escudados en vuestra enraizada y retorcida ignorancia, no permitíais siquiera que vuestros hijos se acercasen a mí, aludiendo el convencimiento extendido y divulgado por todos de que fui engendrado por el mismísimo diablo.


Todos esquiváis la vieja casa donde los suelos de madera crujen sin que nadie los pise, las ventanas chirrían en las noches de tormenta, y en la que las cortinas, convertidas ya en raídos jirones de amarillenta tela, se mueven inquietantes a vuestro paso. Nadie se atreve a entrar en ella. Sabéis que es mía aunque ya no viva en ella.


Cerrad vuestras puertas, atrancad vuestras ventanas, cobijaros en la seguridad de vuestros hogares, pero recelad de ella, de vuestra supuesta seguridad, pues puedo colarme por cualquier rendija. No existe puerta o ventana totalmente efectiva para que mi sombra no la pueda traspasar. ¿Serás tú el afortunado que tendrá la mala suerte de toparse esta noche conmigo?


Seréis víctimas de la misma crueldad con la que me obsequiasteis en mi infancia. He vuelto; como cada año. Llamadme monstruo; eso me hará más fuerte. Me muevo con soltura entre los más siniestros rincones; nunca sabréis cual elegiré para aparecerme frente a vosotros. De nada servirán vuestras estúpidas oraciones y súplicas. Todos me teméis porque nadie sabe si todavía soy alguien, o tan solo soy una aparición de quien fui. Tan pronto podría ser de carne y hueso, como el alma errante del suicida que no es capaz de encontrar el camino al Más Allá, donde se le permita descansar en paz. Puedo ser esa sombra que te ha parecido una ilusión al verla de reojo, o que tal vez la hayas visto de verdad. Me regocijo disfrutando con el misterio que envuelve mi figura. Sí, soy esa presencia que percibes persiguiendo tus apresurados pasos al caer la noche sobre las solitarias calles, y el frío del que te abrigas, no es más que mi aliento mortecino.


Ya llegó el momento. Las campanadas dan la bienvenida a la medianoche y ni siquiera los lobos se atreven ya a aullar. También ellos saben que ha llegado mi hora, el momento en que mis pasos avancen rompiendo la niebla en busca de mi siguiente víctima. ¿Vas a ser tú?


 


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Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…


Despierto de la siesta con la misma frase cincelada en mi cerebro. Me desperezo, me froto los ojos, me incorporo de la cama y me dirijo al comedor. Mi mujer y mi hija están viendo una película en el televisor como les gusta hacerlo, con una manta de sofá sobre las piernas.


-¿Vas a continuar con el relato?


-Voy a ver si soy capaz de escribir algo, aunque creo que me he despertado todavía más espeso.


Entro en el estudio y siento un escalofrío recorriéndome el cuerpo; incluso he tenido la sensación de que algo muy frío ha rozado mi brazo y hasta diría que me ha parecido ver una sombra saliendo antes de que yo entrase. Miro estremecido mi silla giratoria; se mueve, como si alguien acabase de levantarse de ella. Me siento receloso en ella, trago saliva y me sitúo frente al teclado, observando inquieto como la pantalla del ordenador no está bloqueada. Contemplo asombrado como en el Word esa primera estrofa inicial se ha convertido como por arte de magia en un relato de varias páginas. Comienzo a leerlo. Habla de un personaje siniestro repudiado desde que era un niño y que cada noche de Halloween regresa a su población en busca de venganza, aterrorizando a todos aquellos que le habían obsequiado con una más que desdichada infancia.


Mi mujer regresa de la cocina después de preparar unas palomitas en el microondas. Al pasar frente al estudio y seguramente alertada por mi aspecto incrédulo me pregunta:


-¿Sucede algo cariño?


La miro todavía aturdido.


-Nada. Solamente que a veces parece como si los personajes de mis relatos tomasen vida propia.


-Ah bueno. Eso no es la primera vez que te lo escucho decir.


Y desaparece dirigiéndose de nuevo a la salita.