EL POR QUÉ DE EL BLOGÍGRAFO



El Blogígrafo es un blog destinado a mi producción literaria personal y a recomendaciones que por algún motivo tienen un interés especial, relacionadas con el mundo de la literatura, y a otras que crea que son de interés general. Si queréis colaborar a que este blog crezca con vuestras aportaciones, adelante. Un saludo.





sábado, 24 de junio de 2017

EL MENSAJERO





Puedes escuchar la canción mientras lees.







EL MENSAJERO.


 


Se presentaba de repente,


ocasionalmente al principio,


a diario después,


desprovisto de presencia física,


como un ente incorpóreo.


No había manera de deshacerse de él.


Al principio le rechazaba,


desafiaba sus ataques,


sus ofensas,


sus crueles embestidas;


me hablaba como la voz de mi conciencia


y yo hacía oídos sordos.


Me preguntaba a qué estaba jugando a mi edad,


que qué diablos pretendía conseguir un tipo como yo


inventando un absurdo alter ego


cuando nunca había sabido encauzar


convenientemente mi propia vida,


que como osaba un ignorante sin formación


meterse en utópicas batallas intelectuales


con la derrota como indiscutible destino.


Podía aparecerse a cualquier hora del día,


incluso de la noche


entre cenagosos sueños


de conquistas frustradas.


Era un cabronazo,


pero como todos los cabronazos


hablaba claro.


Me decía que cada vez me quedaba menos tiempo


como para andar desperdiciándolo


en inútiles aventuras


que no conducían a nada.


Y poco a poco fue convenciéndome.


Comencé a escuchar sus palabras


que se transformaron


de alevosas intimidaciones


a sabios razonamientos


cargados de  sólidos fundamentos.


Tuvimos largas conversaciones


tras las que recientemente


terminé dándole la razón,


cuando fui capaz


de entender toda la sensatez


de sus argumentos.


Podría decir incluso


que llegamos a ser amigos,


si es que se puede tener un amigo invisible


lejos de la niñez.


Pero la suya era una amistad perecedera.


Una vez acabado su trabajo conmigo


partió en busca de la conciencia


de otro pobre diablo


con inconsistentes pretensiones artísticas.


Hacerle caso ha sido la mejor manera


de que desapareciese de mi vida,


después de que consiguiese abrirme los ojos


y hacerme ver que las evidencias


demuestran la triste realidad


de mis infructuosos esfuerzos


en busca de progresar.


El olvido y el alejamiento


son la mejor respuesta


que se puede recibir


para poder tocar la realidad.


Vivir por un sueño está muy bien,


vivir en un sueño no es nada recomendable,


por lo que finalmente


debo darle la razón


al puto mensajero de mi conciencia,


digerir toda su sabiduría,


y después de tantos fracasos


de impetuoso pero desatinado bohemio


terminar convencido de una vez por todas


de que ha llegado mi fecha de caducidad,


de que lo más sensato es abandonar


y dejar esto en manos


de los verdaderamente profesionales.


 

martes, 11 de abril de 2017

AQUÍ ESTOY





 SI QUIERES PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.





AQUÍ ESTOY.


 


En el ratito de cada tarde,


sentado frente al teclado,


la lámpara de sobremesa


tenue y acogedora,


algo de música,


clásicos de los 70 sonando suavemente,


una bebida fresca a mi derecha,


descalzo, como me gusta


y buscando no sé qué


con lo que escribo,


en esta edad


en la que ya no soy joven


pero tampoco viejo,


y las malas noticias


comienzan a llegar.


Ya no creo en casi nada ni nadie,


estoy de vuelta de ciertas cosas


y otras me aburren del todo,


pero sigo escribiendo


sin convicción


pero por costumbre,


por rutina,


o por cariño tal vez,


sentado frente a la pantalla en blanco


a la que no sé realmente que contarle,


con esas sombras acechándome


desde la penumbra del cuarto


y el fracaso llamando a la puerta.


Ya no me importa acabar frases,


poemas


o relatos,


dejarlos para otro día más ilusionante


o desecharlos del todo;


nadie los espera;


a nadie le interesan mis frustraciones,


y ya no veo luz


en estas palabras escritas.


Tan solo soy el producto


de un pasado deshilachado


que ha derivado


en un presente insípido


y un futuro inquietante.

jueves, 10 de noviembre de 2016

6 de 6 (Reseña de Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas.)

 
 


6 de 6

(Reseña de Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas.)

Abel Santos. Chamán Ediciones.

Abel Santos es el claro ejemplo de la maleabilidad del ser humano, de la capacidad de conseguir mutar una vida de peligrosos excesos, en un excelso repertorio de versos rompedores.

Abel Santos supo sustituir a tiempo su arriesgado armamento de drogas y largas noches de alcohol y desenfrenos, por breves y contundentes poemas cargados de vibrante munición literaria, poemas que son capaces incluso de destilar música al leerlos, tal y como asegura el prologuista de lujo de la obra, Diego Vasallo (Duncan Dhu): Los poemas de Abel Santos son como las notas lánguidas de Chet Baker, que viven entre las calles de una ciudad cualquiera en una tarde de verano.

            Es la suya una poesía cotidiana, nacida de experiencias propias que sin lugar a duda han condicionado su obra, germinada indiscutiblemente en el realismo sucio y bastardo, reflejo de cuando la vida del autor era un camino de sentido único en dirección a la perdición, hasta que un buen día decidiese venderle su alma a la poesía en lugar de al diablo, quien ya se frotaba las manos ante la que consideraba una nueva víctima apresada entre sus perniciosas redes, esas en las que quedan atrapadas desperdiciadas vidas hechas añicos, vidas que son solo restos de polvo blanco en un billete de 10, en manos de tipos que en sórdidos tugurios beben sus cervezas en las jarras del olvido. Se trata de una poesía que se nutre de la calle, que no se anda por las ramas, que sabe lo que quiere decirnos, y que lo hace sin estridencias, sin coraza, a pelo, sin prescindibles ni excesivas metáforas, tan solo las justas y necesarias.

            Abel Santos abandonó sus adicciones para convertirnos a sus lectores en adictos a sus versos. Sustituyó las sucias rayas de blanca muerte por impolutas líneas de negra tinta llenas de vida. Es una poesía cercana, comprensible, embrujadora, extirpada directamente a las entrañas de una vida afortunadamente rehabilitada, sin contemplaciones, sin bisturí, diseccionando hábilmente los pasos mal dados en el pasado en busca del esplendor, del renacer, de la evolución.

            Con “Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas” ha dado un importante y certero giro a su carrera, orientándola hacia una nueva luz, dejando atrás grises puestas de sol y dando paso a coloridos y seductores amaneceres. Mucho habrán influido en ello los cambios positivos experimentados recientemente en su vida, reflejados como pudimos comprobar los que asistimos a la presentación de su poemario en la mirada cansada pero feliz de una madre que tantas veces habrá visto a su hijo tocar fondo, y que ahora puede comprobar como alza de nuevo el vuelo, con la carta de presentación de un poemario lleno de poemas frescos de quien afronta el futuro con nuevas y renovadas esperanzas, dejando atrás un pasado oscuro, pero sin duda necesario para que hayamos podido descubrirle. En Chamán Ediciones se han dado cuenta de ello y nos lo presentan en su colección “Chamán ante el fuego” sin miedo a quemarse, algo imposible mientras sigan apostando por autores de la calidad de Abel Santos.

            Chamán Ediciones nos presenta en esta obra a un poeta de larga trayectoria. Es este su sexto poemario desde que en el año 1998 publicase su primera obra: Esencia (Ediciones AZ90), por lo que nos encontramos a un autor más maduro, ahora que acaba de cumplir los 40 y del que la editorial nos muestra un poemario brillante, encerrado en un elegante envase con el que nos brindan con mimo, esmero y cuidados detalles estéticos todas las obras que publican.

            En definitiva, Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas, es la obra de un autor contemporáneo de obligada lectura. El sexto título de Abel Santos. El sexto título de Chamán Ediciones, 6 de 6, y el diablo que se frotaba las manos con quien parecía una captura asegurada, quedándose con las ganas de obtener su tercer 6 gracias, una vez más, a la redentora poesía.
Al Segar. 

           

                

 

viernes, 4 de noviembre de 2016

PRESENTACIÓN DEL NUEVO POEMARIO DE ABEL SANTOS

 

PUBLICADO POR CHAMÁN EDICIONES.
 
 
"Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas", de Abel Santos (Chamán Ediciones, Albacete, 2016)
Abel Santos (Barcelona, 1976). Ha publicado los libros de poesía: Esencia (1998), El lado opuesto al viento (2010), Todo descansa en la superficie (2013), Jass (2016), y su Antología poética 1998-2014 Demasiado joven para el blues....
En 2015 coordina la antología de varios autores La casa de los corazones rotos, donde reúne a más de una veintena de poetas que admira y que conformaron a lo largo de los años su universo de lecturas.
Ha colaborado en numerosas revistas de poesía a nivel nacional y del extranjero, y participado en un buen número de libros tanto de poesía como de narrativa.
Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (Chamán Ediciones), es su quinto libro de poesía, de poemas breves y espontáneos como una lágrima, escritos en servilletas de bar. En 2011 fue encargado de prensa y relaciones públicas del I Festival de Poesía y Microrrelato: Vilapoética, de la ciudad de Viladecans.
Tras 12 años metido en drogas y alcohol, Abel Santos nos habla en sus poemas del peligro de traspasar ciertos límites. De formación autodidacta, él mismo ha bautizado su poética de "realismo bastardo", que bebe tanto del mundo real como del mundo poético o más introspectivo, sin una clara escuela o movimiento literario como padre definido. Algunos de sus poemas han sido traducidos al árabe y al inglés.
Desde 2010 administra su blog de poesía: Demasiado joven para el blues
www.abelsantospoesia.blogspot.com
Autores relacionados: Roger Wolfe, Karmelo C. Iribarren, Diego Vasallo.
 
 
LA CATARSIS
Ser auténtico
como el enfurecimiento de un niño
si estuviera en su mano
sería capaz de destruir
en ese instante
el mundo
y en consecuencia
la siguiente secuencia emocional es
un gozo estático
que recorre todo su cuerpo
sonriendo
ante cualquier payasada
o cualquier mimo
el amor
pequeño
el amor.
 
 
LAS LÁGRIMAS DE CHET BAKER CAEN A PISCINAS DORADAS

ya ibas camino de tu sueño
cuando solo
en la cama desperté
y
en la radio Vasallo cantaba:
Las lágrimas de Chet Baker
caen a piscinas doradas

melodiosa
distante
en tu alentador vergel
yo
imaginando
otro calor en mi desierto
que por siempre arda.
 
 

domingo, 30 de octubre de 2016

DAY OF THE DEAD





SI QUIERES PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.







DAY OF THE DEAD.


(El día de los muertos.)


Sosegada tarde de domingo. Aquí estoy, sentado frente al teclado, bloqueado, estrujándome los sesos intentando escribir un relato de terror adecuado para estas fechas en las que hemos adoptado la, en mi opinión, infame tradición anglosajona de celebrar Halloween.


De momento he conseguido más bien poco con el protagonista; un personaje siniestro todavía muy indefinido. Tan solo veo con más claridad el escenario y su atmósfera: un pueblo engullido entre montañas, lobos aullándole a la luna, el frío y la noche cayendo sobre las casas, la húmeda niebla cubriéndolo todo, el temor apoderándose de los supersticiosos lugareños, y el campanario repicando las once de la noche. Vamos, una ambientación típica y muy común en este tipo de narraciones.


Me he propuesto ofreceros algo nuevo por si os apetece leerlo, en lugar de volver a colgar en Facebook, tal y como llevo haciendo los últimos años, el que lleva por título Cuento de Halloween. Creo que ya está demasiado explotado. De momento no se me ocurre nada lo más mínimamente inquietante para que os pueda mantener aferrados frente a la pantalla de vuestro ordenador.


Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…


Es todo lo que de momento he sido capaz de escribir.


-¡A comer! – me reclama mi esposa.


-¡Voy!


Abandono la silla giratoria sin apagar el ordenador y me dirijo al comedor.


-¿Qué tal? –me pregunta ella.


-No demasiado bien. No me llega la inspiración.


-Pues come y pégate una buena siesta. Tal vez después, con el estómago lleno y más descansado, se te ocurra algo. Ya sabes que siempre acabas consiguiéndolo.


Le hago caso. Comemos y me meto en la cama (soy de los que duermen la siesta acostado), con esa única frase en mente:


Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…


Lentamente, conforme la siesta se materializa, las palabras se difuminan y se alejan cada vez más, convirtiéndose en imágenes de un oscuro e inquietante sueño.


 


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Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…  


La brumosa niebla ya se extiende por toda la superficie del cementerio como una mullida alfombra de vaporosos nimbos de entre las que emergen, amenazantes, las grises lápidas y las cruces de piedra.


A pesar del frío el vigilante nocturno suda inquieto, con el pánico reflejado en su inexperto rostro de principiante, nada acostumbrado a los siniestros susurros procedentes del camposanto en esta noche tan especial para los difuntos. Si consigue terminar su turno, (todo un reto para cualquier mortal poco acostumbrado a lo que no es capaz de comprender), mañana no regresará…como les ha sucedido a tantos otros.


Los pocos que todavía caminan por las desiertas calles de la población apresuran la marcha para regresar antes de la medianoche a sus viviendas, absurdamente decoradas con telarañas de gasa y calabazas de aspecto aterrador. Todos conocen las leyendas sobre seres espantosos que han perdurado a través de generaciones, y en las que me habéis incluido. Nadie aquí se atreve a desafiar a lo desconocido. Prefieren reunirse con sus familias bajo el calor y la protección de su hogar… protección no tan efectiva como muchos consideran.


Cada vez falta menos. El reloj sigue avanzando. Se acerca la medianoche y me tocará de nuevo ser el malo; el sujeto siniestro de vuestras pesadillas; el que os inquieta en vuestras noches de terror; el que os hará apremiar vuestros pasos y volver la mirada sobre vuestras espaldas si regresáis tarde a casa.


Percibiréis mi presencia aunque no esté cerca; una vez en vuestras viviendas, abrigados al calor de vuestras estufas, miraréis a través de las ventanas, retirando tímidamente los visillos, buscándome entre las sombras de la noche, pero deseando no encontrarme, con el terror plasmado en vuestros escépticos rostros.


Sí, soy yo el único que se mueve con paso firme e imperturbable entre las brumas de la tenebrosa noche del día de los muertos, esa en la que dicen que a los fallecidos se les permite regresar al mundo de los vivos para disfrutar de aquello que más les gustaba hacer. ¿Y que era aquello que más me gustaba hacer a mí? ¿Asustaros? Ese fue un miedo que vosotros mismos adquiristeis. Yo no hice nada para merecer el estigma de convertirme en un ser excluido de vuestra estúpida sociedad, por culpa de vuestras absurdas creencias. Yo tan solo era un niño con la única desventura deser el hijo de aquella mujer a la que todo el pueblo temía suponiéndole facultades de bruja, y a la que todos repudiasteis después de parir una criatura de padre desconocido; un niño que por culpa del rechazo generalizado no tuvo más remedio que convertirse, con el paso de los años, en un chaval retraído, misterioso, solitario, e insociable, circunstancias por las que, escudados en vuestra enraizada y retorcida ignorancia, no permitíais siquiera que vuestros hijos se acercasen a mí, aludiendo el convencimiento extendido y divulgado por todos de que fui engendrado por el mismísimo diablo.


Todos esquiváis la vieja casa donde los suelos de madera crujen sin que nadie los pise, las ventanas chirrían en las noches de tormenta, y en la que las cortinas, convertidas ya en raídos jirones de amarillenta tela, se mueven inquietantes a vuestro paso. Nadie se atreve a entrar en ella. Sabéis que es mía aunque ya no viva en ella.


Cerrad vuestras puertas, atrancad vuestras ventanas, cobijaros en la seguridad de vuestros hogares, pero recelad de ella, de vuestra supuesta seguridad, pues puedo colarme por cualquier rendija. No existe puerta o ventana totalmente efectiva para que mi sombra no la pueda traspasar. ¿Serás tú el afortunado que tendrá la mala suerte de toparse esta noche conmigo?


Seréis víctimas de la misma crueldad con la que me obsequiasteis en mi infancia. He vuelto; como cada año. Llamadme monstruo; eso me hará más fuerte. Me muevo con soltura entre los más siniestros rincones; nunca sabréis cual elegiré para aparecerme frente a vosotros. De nada servirán vuestras estúpidas oraciones y súplicas. Todos me teméis porque nadie sabe si todavía soy alguien, o tan solo soy una aparición de quien fui. Tan pronto podría ser de carne y hueso, como el alma errante del suicida que no es capaz de encontrar el camino al Más Allá, donde se le permita descansar en paz. Puedo ser esa sombra que te ha parecido una ilusión al verla de reojo, o que tal vez la hayas visto de verdad. Me regocijo disfrutando con el misterio que envuelve mi figura. Sí, soy esa presencia que percibes persiguiendo tus apresurados pasos al caer la noche sobre las solitarias calles, y el frío del que te abrigas, no es más que mi aliento mortecino.


Ya llegó el momento. Las campanadas dan la bienvenida a la medianoche y ni siquiera los lobos se atreven ya a aullar. También ellos saben que ha llegado mi hora, el momento en que mis pasos avancen rompiendo la niebla en busca de mi siguiente víctima. ¿Vas a ser tú?


 


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Repican inquietantes en la lejanía, rompiendo el silencio de la oscuridad y el hosco aullido de los lobos, las campanadas del reloj. Las próximas en redoblar serán las de la medianoche…


Despierto de la siesta con la misma frase cincelada en mi cerebro. Me desperezo, me froto los ojos, me incorporo de la cama y me dirijo al comedor. Mi mujer y mi hija están viendo una película en el televisor como les gusta hacerlo, con una manta de sofá sobre las piernas.


-¿Vas a continuar con el relato?


-Voy a ver si soy capaz de escribir algo, aunque creo que me he despertado todavía más espeso.


Entro en el estudio y siento un escalofrío recorriéndome el cuerpo; incluso he tenido la sensación de que algo muy frío ha rozado mi brazo y hasta diría que me ha parecido ver una sombra saliendo antes de que yo entrase. Miro estremecido mi silla giratoria; se mueve, como si alguien acabase de levantarse de ella. Me siento receloso en ella, trago saliva y me sitúo frente al teclado, observando inquieto como la pantalla del ordenador no está bloqueada. Contemplo asombrado como en el Word esa primera estrofa inicial se ha convertido como por arte de magia en un relato de varias páginas. Comienzo a leerlo. Habla de un personaje siniestro repudiado desde que era un niño y que cada noche de Halloween regresa a su población en busca de venganza, aterrorizando a todos aquellos que le habían obsequiado con una más que desdichada infancia.


Mi mujer regresa de la cocina después de preparar unas palomitas en el microondas. Al pasar frente al estudio y seguramente alertada por mi aspecto incrédulo me pregunta:


-¿Sucede algo cariño?


La miro todavía aturdido.


-Nada. Solamente que a veces parece como si los personajes de mis relatos tomasen vida propia.


-Ah bueno. Eso no es la primera vez que te lo escucho decir.


Y desaparece dirigiéndose de nuevo a la salita.  


 


 


 


 


   


  


 

miércoles, 5 de octubre de 2016

Primeros borradores.









Mi biografía es tan interesante como una esquela. Debería haber asesinado a mi familia para poder escribir algo llamativo sobre una tarjeta de visita.


Nací hace cuarenta y cinco años en un humilde barrio donde crecí y me crie con las calles como universidad. Siendo todavía un crío rebelde, ingobernable, y sin pelo en el pubis ya conseguí la licenciatura: fumaba hierba, bebía y había cometido mis primeras fechorías.


Por algún motivo que desconozco y para frustración propia, ya que no es mi tendencia, siempre he tenido éxito con los gais. No entiendo la razón, ya que siempre he pensado que mi físico es en realidad un boceto de Picasso. No sé, tal vez despierte en ellos la inclinación artística que todos aseguran que los homosexuales poseen.


Mi infancia fue dura como un disco de Metallica. Cuando mi padre bebía por las noches, por la mañana mi madre estrenaba rostro. Cuando estaba en prisión, mi madre pasaba por su cama a tipos violentos que a veces también le modificaban la fisonomía. De un matrimonio así no podía nacer un encantador angelito. Dicen que cuando nací, el equipo médico, capitaneado por la comadrona, salió cabreadísimo en dirección a la sala de espera de los padres primerizos en busca del responsable de semejante maldición. Afirman que hasta el cura que me bautizó sustituyó el agua bendita por lejía.


De adolescente tuve algo parecido a una novia. Era una de esas bellezas sin errores aparentes. Nunca me atreví a pedirle sexo. Lo más morboso que hice con ella fue compartir unas birras y unas patatas onduladas. La pobre se aburrió tanto conmigo, que pensando que si todo aquello era lo máximo que un representante del sexo opuesto podía ofrecerle, se hizo monja. Al dejarme me dijo: “Me será fácil olvidarte. Tan solo se trata de reconocer el error de haberte conocido.” Sé que años después entre rezos y tortitas de Santa Clara encontró finalmente el amor en otra monja, y ambas colgaron unos hábitos que parecían pesarles mucho.


Me convertí en un tipo tan solitario que me sentía solo hasta en un campo de fútbol abarrotado de público. Nada en esta vida me parecía interesante. Veía a miss Universo en televisión y perdía todo su encanto cuando me la imaginaba sentada en el retrete luchando contra su estreñimiento.


Pero aunque algunos seamos escoria, todos poseemos alguna cualidad oculta que tarde o temprano acaba aflorando. Primero lo intenté con la escritura. Por algún motivo desconocido, escribir me servía para evadirme de la realidad sin necesidad de recurrir a las drogas. Una asistenta social que aliviaba tanto mi desolada existencia como mi entrepierna, se encargaba de enviar mis textos escritos a una sola cara a las editoriales. Creo que solamente leían la cara en blanco ya que nunca tuve noticias de ellos. Finalmente un buen día cayeron en mis manos unos botes de pintura en spray. Comenzaron a detenerme por pintar grafitis hasta en los coches patrulla, aunque algunos agentes los consideraban auténticas obras de arte.


Nunca he recibido clases de pintura, ni de otra cosa, aunque estuve matriculado en una escuela pública como todos los niños de mi barrio. Iba tan poco, que jamás fui capaz de aprenderme ni el camino, ni el nombre del colegio.


Esa innata habilidad para la pintura fue la que con los años, cuando ya me había convertido en un borracho que estornudaba whisky, cambió radicalmente mi vida. Una vida que ahora mismo sigo sin ser capaz de explicarme. Me he convertido en un artista cotizado en todo el mundo, y cualquier escupitajo que lanzo sobre un lienzo que luego firmo es vendido a millonarios imbéciles que se rodean de lujos, pero que por dentro están tan vacíos como un agujero negro.

A MIS AMIGOS DE TOTS SOM SANTBOIANS





SI QUIERES PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.





 
A MIS AMIGOS DE TOTS SOM
SANTBOIANS.


 


Se respiraba
solidaridad.


Se respiraba
optimismo.


Se respiraba
profesionalidad.


Risas,
lágrimas, emoción,


sentimiento,
música, danza,


entusiasmo,
nervios, alegría.


Todo eso fue
Ayomie.


Un puñado de
inmensos artistas


con la
satisfacción del ofrecimiento,


ayudándome a
brindar a la sociedad


una parte de
nosotros,


a embarcarme
en una buena causa


y comprobar
que no navegaba solo,


y que no
habría naufragio posible


pues todos han
remado por igual,


aparcando
sus intereses,


ofreciendo
su arte con humildad,


siendo
generosos,


participativos,


solidarios.


Han sido
seis meses


dándole un
nuevo sentido a mi vida,


y gracias al
incondicional apoyo


de todos
ellos,


poder
cumplir el sueño


de demostrarle
al mundo


que la
bondad no ha desaparecido.


17 autores,
15 ilustradores, 14 poetas, 14 artistas,


cámaras,
voluntari@s, monitoras, colaboradores…


Nunca he
creído en etiquetas.


¿Discapacidad?
¡Ni hablar!


habiendo
sido capaces


de movilizar
a más de 60 personas


tan solo
mostrándoos como sois.


Cada mañana
sigo despertando en Ayomie,


como si de
un imaginario país se tratase;


me llevará
tiempo abrir los ojos


y no verles
a todos ellos


con sus amplias
sonrisas,


sus miradas
limpias,


sus
camisetas amarillas,


sus
duendecillos verdes.


Gracias a
todos


los que
integráis TSS


por hacerme
sentir vivo.


Con vosotros
he reído, he disfrutado,


me he
emocionado… he vivido.


¿Diferentes?
Si claro.


Pero por
carecer


de la
actitud más siniestra


del ser
humano;


y eso es una
cualidad amigos,


y no un
inconveniente instaurado


en un
absurdo mundo de encasillamientos.


Sí. Ojalá
Ayomie fuese un mundo real


en donde
todos


pudiésemos
vivir en equidad,


sin
diferencias ni desigualdades,


en donde
todo fuese más sencillo.


Fijaos. Yo
intento llegar a la gente


mediante poemas largos y embarullados,


mientras vosotros habéis llegado


hasta nuestros corazones


con vuestras palabras, escuetas pero directas,


sinceras,


sin laberintos.


Y ya lo veis, todo esto que he escrito


era tan solo para deciros


que me va a ser difícil olvidar estos seis meses,


que me va a ser imposible olvidarme de vosotros.


 


 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

SI VOLVIESE A NACER





POEMA DEDICADO A MI HIJA IRENE QUE EL DA 15 DE OCTUBRE CUMPLE 18 AÑOS.



SI TE APETECE PUEDES ESCUCHAR LA CANCIÓN MIENTRAS LEES.





SI VOLVIESE A NACER.

 

Si alguna vez volviese a nacer
pediría volver a ser tu padre.
Si alguna vez volviese a nacer
pediría volver a ser
el constructor de tu camino.
Si alguna vez volviese a nacer
pediría volver a regalarte
todo mi cariño.
Si alguna vez volviese a nacer
pediría volver a ver esa carita,
esa sonrisa,
esa felicidad.
Todas esas tardes de tu niñez
que pasé a tu lado,
todos esos juegos compartidos,
todas esas horas juntos,
unidos,
inseparables,
están grabadas a fuego en mi memoria.
Todas esas papillas vomitadas,
esos rasguños del parque
esas fiebres altas,
esas horas en la sala de espera de pediatría,
somnolienta tú por la destemplanza,
somnoliento yo por la falta de sueño,
todo eso mi amor
forma parte de nuestras vidas,
de ese baúl de los recuerdos imborrables
que solo tiene dos llaves: la tuya y la mía.
Pero el tiempo transcurre más rápido de lo deseado.
Ahora has crecido.
Vas a cumplir los 18,
la edad en que las imposiciones
nos exigen dejar atrás la infancia
para emprender una vida adulta.
Puede costar digerirlo,
pero es esencial aceptar que un hijo crece;
es esencial saber estar a la altura de los cambios;
esencial aceptar tu personalidad,
tu sello propio,
tus singularidades.
Solo quisiera tener la certeza de haber acertado;
de haber sabido mostrarte el camino correcto;
de que sepas que me tendrás siempre;
de que mi amor por ti no tiene límites;
de que sabrás afrontar la vida con valentía;
de que tu futuro será el triunfo de mi pasado;
de que aprendieses que se debe hablar
en el momento oportuno,
y callar de forma adecuada;
de que sepas que si te arriesgas,
y tus decisiones te hacen caer,
yo tenderé la red que amortiguará tu caída,
aunque nunca censuraré tus posibles errores
porque yo no pretendo ser un ejemplo,
ni un modelo a seguir,
no lo he sido nunca;
tan solo quiero ser esa mano amiga
tendida a tus posibles desengaños,
una mano que sepas que estará ahí
pero que ojalá no necesites nunca,
porque cuando te mires en el espejo,
veas en ti misma
el ejemplo de integridad a seguir,
y en mí tan solo la imagen de un padre
que se conformaría con volver a serlo
si alguna vez volviese a nacer.